Juan sin miedo y la Bruja
Autor: José
Luis García
(En
un extremo, algunos árboles; en el otro, un edificio de aspecto siniestro).
(Entran
Pepín y Manolín).
PEPÍN.-
Manolín, que nos hemos perdido.
MANOLÍN.-Pepín,
no me digas eso.
PEPÍN.-Mira,
una casa.
MANOLÍN.-
(Después de mirar). Vete y pregunta dónde estamos.
PEPÍN.-
Yo no tengo que preguntar nada. Estamos junto a una casa.
MANOLÍN.-
¿Y de quién es esa casa?
PEPÍN.-
Eso no me importa. No me gusta meterme en los asuntos de los demás.
MANOLÍN.-
Eres un medica.
PEPÍN.-
Claro, y tú también.
(Durante
unos instantes miran la casa, y luego el uno al otro).
PEPÍN.-¿Y
si vamos juntos?
MANOLÍN.-
Sería propio de buenos amigos.
(Ambos
personajes se acercan hasta la casa y al llegar Manolín golpea la puerta de
entrada).
MANOLÍN.-
Parece que no hay nadie, vámonos.
(Se
abre la puerta y aparece la Bruja).
BRUJA.-
Bienvenidos a mi humilde morada.
PEPÍN.-
No se ofenda, pero yo la prefiero colorada.
MANOLÍN.-
Y yo azulada.
BRUJA.-¿Qué
estáis diciendo?
PEPÍN.-Tonterías.
MANOLÍN.-Bobadas.
Ya nos vamos.
BRUJA.-Entrad
y os calentaréis. Se ve que tenéis frío.
PEPÍN.-No
entro, que no me fío.
BRUJA.-
¿Queréis conocer el miedo, verdad?
MANOLÍN.-
Ya lo conocemos, es el tío de éste.
PEPÍN.-
Sí, uno con boina y cara de plato roto.
MANOLÍN.-
Es usted muy amable y muy bruja, gracias. Adiós.
(Manolín
y Pepín se alejan a toda prisa de la casa).
BRUJA.-
Una lástima. Y hoy se cumplen diez años.
(Entra
en la casa y cierra la puerta).
PEPÍN.-
Manolín, ¿esa era una bruja?
MANOLÍN.-Eso
mismo, Pepín. (Entra Juan).
JUAN.-
Buenas tardes, amigos.
MANOLÍN
Y PEPÍN.-(Asustados).¡Ay, madre del alma!
JUAN.-
¿Os he asustado?
MANOLÍN.-
Ya nos había asustado la bruja.
JUAN.-
Yo quiero conocer el miedo.
PEPÍN.-Estás
de suerte. Esa bruja te está esperando.
MANOLÍN.-
Nos preguntó si queríamos conocer el miedo.
JUAN.-¡Fantástico,
gracias! (Juan se dirige a la casa).
MANOLÍN.-Ese
está mal de la azotea.
PEPÍN.-
Ya te digo, Manolín. (Salen ambos).
(Juan
ha llegado a la casa y golpea la puerta).
JUAN.-
¿Hay alguien? Me han dicho que aquí puedo conocer el miedo.
(Se
abre la puerta y aparece la Bruja).
BRUJA.-
Entra y sé bienvenido. Has llegado al lugar adecuado.
(Juan
entra en la casa. La Bruja cierra la puerta).
(Cambia
el decorado: estamos en el interior de la casa. En la estancia vemos dos
puertas y un espejo).
(Entran
la Bruja y Juan).
BRUJA.-
Quieres saber lo que es el miedo?
JUAN.-
Por eso he venido.
BRUJA.-
Lo descubrirás si eres capaz de pasar una noche en esta habitación.
JUAN.-
(Después de mirar a su alrededor). No parece una tarea muy difícil.
BRUJA.-
En un momento de la noche escucharás tres campanadas y tendrás que recitar un
viejo conjuro que yo te daré.
JUAN.-No
persigo otra cosa sino conocer el miedo.
BRUJA.-
Lo conocerás, no lo dudes.
(La
Bruja se acerca hasta una de las puertas y comienza a salir por ella).
BRUJA.-Esta
será la noche más feliz. Y lo siento por ti, Juan.
(Sale).
JUAN.-
Creo que esa bruja no miente, y que conoceré el miedo. (Deambula por la
habitación).
Pero
no me ha dado el conjuro que debo leer.
(Trata
de abrir la puerta por la que acaba de salir la Bruja, pero no lo consigue).
¡No
me has dado el conjuro!
(La
puerta se abre y asoma la bruja, trae un pergamino enrollado sobre sí mismo en
una de sus manos).
BRUJA.-
Perdona que no vuelva a entrar. Esta habitación me produce escalofríos.
JUAN.-
Yo no siento nada.
BRUJA.-
No sabes lo que yo he vivido aquí. Toma el conjuro.
(Le
tiende el pergamino, que Juan recoge). Si quieres que funcione, no leas lo que
está escrito en él hasta que suenen las tres campanadas. Si lo lees antes, no
servirá para nada.
JUAN.-
Esperaré, no te preocupes.
BRUJA.-
Deberías preocuparte tú. (Sale y cierra la puerta).
JUAN.-
Debería dormir un rato antes de que llegue la noche.
(Se
acurruca en un extremo de la estancia y queda dormido al poco rato. Cambia la
luz paulatinamente, hasta que llega la noche, con sus luces y sus sombras).
(Escuchamos
el ulular de un ave. Juan se despierta y camina por el lugar, mientras se
estira).
JUAN.-
Es raro, pero no consigo preocuparme.
(Se
escucha el sonido del viento, suena tétrico). Me encanta el sonido de esta
brisa. Es refrescante.
(Se
escucha ahora un arrastrar de cadenas, agobiante y terrorífico).
Me
gusta este ruido.
(Suena
la primera campanada, una pausa; se escucha la segunda, otra pausa; y al fin,
la tercera y última).
(Juan
desenrolla impaciente el pergamino. Lee).
Por
el viento que todo lo vence, al leer estas letras rompo las cadenas que atan a
la bruja y yo, hasta que alguien lea este conjuro por mí, ocuparé su lugar, en
esta casa encadenada por el viento.
(Juan
desaparece y en su lugar vemos a la Bruja, que hablará con la voz de Juan).
(La
puerta se abre y entra en la habitación una preciosa joven, y hablará con la
voz de la Bruja).
JOVEN.-
Ahora, Juan, tú eres la bruja. Y como ordena el conjuro que acabas de leer, así
seguirás hasta que alguien vuelva a leerlo. Yo llegué a esta casa como tú, para
conocer el miedo y he estado diez años viviendo como una bruja. Ahora tú ocupas
mi lugar.
JUAN.-
¡No! (Juan se acerca hasta el espejo, se mira en él y ve su nueva imagen). Si
esto que siento es el miedo, no me gusta.
JOVEN.-
Lo sé. No pierdas el tiempo tratando de salir. Las puertas están cerradas para
ti, hasta que alguien venga a ocupar tu lugar. Adiós y gracias. No lo dudes,
pensaré en ti.
(Sale).
JUAN.-
¡No!
VOZ
EN OFF.- ¿Hay alguien en esta casa? Me han dicho que aquí puedo conocer el
miedo.
(Juan
enrolla el pergamino y comienza a salir).
JUAN.-
Entra y sé bienvenido. Has llegado al lugar adecuado. (Sale).
FIN
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